¿A quién no le ha pasado, que tres días antes de salir de viaje, y sólo por meter la ropa, se le rompe su preciosa maleta nueva? ¿Y quién no ha recordado el día anterior al mismo viaje, que no lleva la tarjeta sanitaria europea, y “en Londres la vida está muy cara”, y “si me pasa algo y a mi padre le toca pagar se cae para atrás del susto”? ¿Quién no ha perdido el autobús (“ese que pasa cada media hora”) por tres milésimas de segundo, prácticamente lo que se tarda en levantar la mano y sacar el abono? A mí… ¡no puedo decir que no me haya pasado! La suerte está en que tengo una familia absolutamente genial, que le regala a mi abuela una maleta de las guays, que si vas en cuesta sobre liso se va para todos lados porque tiene cuatro ruedas que giran para donde quieren, y una abuela muy maja que me la presta porque ella, para ir a Asturias, no necesita más que bolsas de tela o cajas, y pinzas. Muchas pinzas de madera… También, he de decir, que la tarjeta sanitaria europea te la dan a los 6 días de hacerla, pero en el caso de que te vayas, por casualidad (que nadie lo cree pero puede ser el caso), al día siguiente o a los dos días de hacértela (ehé), te dan un justificante de que la has solicitado, un papelote muy majo que te sirve para tres meses... Y autobuses… por Madrid… ¡anda que no hay! De todas formas, la bandera de Colón no se movía, no hacía frío, ni viento… por no hacer, ni “hacía”. Además, siempre que tengas una imitación de DooWap o sucedáneo de Lacasitos en el bolso… ¿qué narices podría salir mal? Es más, así nos quedamos las primeras en la fila, aunque luego se te cuelen una inglesa sorda y dos franceses, ¿qué más dará, si es mi madre la que paga y tiene codos con los que empujar? “Disculpe, ¿puede dejarle pasar?” “Hmpf!” (Típicas conversaciones de “autobús nocturno al aeropuerto”, ya sabéis, pluralidad de idiomas, así todos nos entendemos…)
Primera parada, una calle cualquiera de Madrid… “Pero conductor, ¡por favor! ¿De verdad piensa usted que pueda entrar más gente y más maletas en este autobús amarillo? Ay madre, ¡que a este paso volcamos!” Y lo genial que es escuchar a mi madre: “Si hubiésemos cogido el anterior, ese que perdimos por media milésima de segundo… ¡Que iba casi vacío!” Llegamos, segunda parada, aeropuerto, T1, se baja medio autobús, entre ellos nosotras, con mi maleta negra con cordelitos de lana multicolor y lazos rojos en plan ”árbol de navidad”, y la gris, sosa, con un candado negro del que tengo llave pero que no usé, colgado del cierre. Buscamos easyjet, corriendo a facturar, no vaya a ser que, como son las 3.50 am, no me dé tiempo a hacerlo antes de las 5.40 y claro… Me pongo a la cola, y resulta que estoy mal, que la que está completamente vacía, la de la derecha, es para la gente lista como yo que se compró el billete por Internet y ahora tiene mucho morro y factura más rápido. Llego al chico rubio y majo que me atiende y me dice con una sonrisa que me he pasado un kilo, y cada kg son 12€. Que puedo elegir entre pagar o sacar un kilo. Me sale una mueca de terror y llamo a la mia mamma, porque sigue en la cola de la izquierda guardándome sitio por si no era la rápida la mía, no perder tiempo, que como con dos horas vamos pilladísimas… Llega mi madre y… ¿para qué vamos a sacar ropa? Se paga y listo… No sabéis lo que me dolieron esos 12€ no pagados por mí, ¡uf! “¡Vamos a tomar algo, te invito a un café!” No está Marina, así que acepto el café con leche de mi mami. Sajada, claro, y menos mal que “no tenía hambre” (todos sabemos que sí que la tenía) y no cogí nada de comer, porque eso de que las napolitanas estén a 2.90€, y encima, que sean de tamaño más bien pequeño… ¡fijo, fijo, fijísimo que me causan sarpullidos, o algo de eso! Así que a lo tonto a lo tonto, café con leche con m&m’s (todo mezclado no, no os vayáis a pensar…), mientras mi madre pone caras cuando siente las ampollas de sus pies… Madre mía, madres como la mía… ¡pocas! Va pasando el tiempo, despacio, pero va pasando, y mi madre empieza a ponerse nerviosa, así que me dice que entre por aduana y demás… Se queda fuera, y yo me quito la chaqueta, el bolso, los cascos, dejo a mano tarjeta de embarque y DNI, y lo meto todo en la cinta. Paso por el arco y no pito. Guay, que sólo faltaba… Meeeeeec, me dice el guardia que saque el portátil de la maleta y vuelva a pasarlo todo… Mi madre con cara de “What’s up my nigga?” (ya veis, practicando inglés a lo Versus), y yo tecleo en el aire y me entiende. Esta vez me deja pasar, me coloco todo como puedo, guardo DNI y tarjeta, no vaya a perderlo, me encuentro unas llaves de un candado, se las doy al guardia, y a los 2 minutos no me queda otra que esperar que, por favor, no fuesen mías… En la cafetería nos habíamos encontrado con la madre de Elia y Adrián, unos amigos de la infancia. La madre se iba a… Sicilia, creo, y pasó el mal trago del portátil conmigo. “Mira tu letra y puerta de embarque, y estate pendiente porque a lo mejor te la cambian… Te ha tocado B, yo soy F… Aquí nos separamos…” Me voy hacia la B19 y me suena el móvil. Mi madre. “¿Qué tal? ¿Ya estás dentro? ¡Cuéntame!”. Voy hacia la puerta y se corta, espero que vuelva a llamar pero no lo hace, así que tras mucho pasear yo sola por un aeropuerto muerto y sin gente (tiendas cerradas, luces apagadas, y de vez en cuando, alguna vocecilla se oía, pero no mucho más…) llego a mi puerta de embarque. Me siento, abro el portátil, encuentro una red no segura pero sin contraseña, y decido arriesgarme. Hablo con Versus, que anda despierto, se aburre y va a ayudar a su madre al kiosko. ¡A ver si es verdad que me ayuda con Pilar y su plantón de ayer! Porque claro, como ya se había despedido… debió de ser eso… Me pongo a escribir el que ha empezado a ser mi esperado viaje, y aparece en el chat Pelifresa. Resulta que acaba de llegar, nada, que se ha acostumbrado a Sol y no puede dormir en casa, demasiado calor y demasiada comodidad, Necesita calle… Cuando la voy a dejar porque quiero seguir escribiendo para colgar el principio de mi viaje en mi ya querido (aunque sin empezar), blog ( http://unapelirrojaenlondres.blogspot.com/ ), por megafonía dicen que pasen los embarques preferentes, las mujeres embarazadas, los niños de 5 años o menos y sus padres, los mayores, y por último, los normales. Creo que es de las pocas veces que me tratan como normal. Muy normal yo, después de llegar superhipermegapronto a los asientos de espera, tardo 3 minutos en apagar y guardar el portátil, y meter el bolso en el equipaje de mano (poco más y supera los 25 cm de hondo) y cuando levanto la vista, ya hay una cola de unas 30 personas delante. Recibo un sms. “Buon viaggio!”. Perfecto Bárbara, perfecto. Aunque ese sms saca una sonrisa, ¿no? Contesto pero ella ya duerme, ¡seguro! Así que yo me dedico a esperar, como solo yo sé, y tras pasarlo mal con las medidas, cuando me dicen “Come on”, avanzo y me meto en un autobús guay extragigante sin conductor. Esperamos 20 minutos hasta que entran todos los pasajeros… bueno, miento. Todos no. Un grupo de amigos que iba de vacaciones una semana (hablaban español, por eso me enteré de la historia) tenían entre ellos a una muchacha de “quién sabe donde” sin visado… Necesario para embarcar, se quedan todos fuera hasta que, tras un rato pensando y perdiendo tiempo, deciden entrar todos menos ella, se buscará la vida e irá a Londres uno o dos días después. Sus amigos le guardarán la maleta, y quién sabe, quizá utilicen su ropa… Algo parecido pasó a una compañera del instituto en nuestro viaje a Italia, pero tenía mayor pecado, era española y no llevó el DNI… pero eso es otra historia, una historia pasada, de la que quizá me acuerde, pero implicaría intentar recordar, es decir, pensar demasiado, y estoy en el salón de una casa londinense intentando concentrarme en resumir (mentira…) mi primer medio día.
En el autobús se monta un conductor, nos pasea por una pista con líneas imaginarias que sigue a la perfección, nos deja al lado de las puertas de embarque, y ale, que cada uno se busque la vida para subir con “equipaje de mano” esas escaleras taaaan geniales. Al entrar en el avión el portátil está en el equipaje de mano, una azafata muy maja (y muy mona ella) coge mi maleta y la guarda, y cierra la puerta. Es decir, que me he quedado dentro del avión con el DNI en el bolsillo del culo del pantalón, el móvil que tengo que apagar porque “interferirá en el buen funcionamiento del vuelo easyjet (graciasporviajarconnosotros) si no lo hago”, y unos cascos grandes que si me los pongo, al haber elegido ventana, chocan con el techo (sí, soy muy alta… el avión era pequeño… qué incomodidad, intentar dormir ahí… ¡Uf!)… Eso sí, el paisaje, ¡pre-cio-so! Sobre todo al llegar.
Miércoles, 15 Junio, 7.50 am. Despegamos. El vuelo se ha retrasado 10 minutos, pero ya estamos rumbo a London y me estoy quedando dormida.
- To be continued. -
Creo, que este blog será la bomba!!!!Gracias mi niña(como tanto te gusta que te llame la abuela)por ser como eres, que nada ni nadie te cambie,para la tua mamma sei molto speciale!!!!!
ResponderEliminarUn bacione e ti aspetto la prossima puntata,
(puntata no es una palabra fea,simplemente singifica= episodio).
Mi ginger.....