Tras el mensaje de “Buon viaggio!” y la despedida deprisa y corriendo de una muy maja pelifresa, aguanté la cola de “treinta personas por delante y otras tantas por detrás” y temí por mi equipaje de mano, que al tener que meter en él el bolso, los 25 cm permitidos casi se quedaron cortos. Y digo casi porque aquí, esta pelirroja fuerte y relajada, sin importarle los mínimo treinta pasajeros que tenía por detrás, no se puso nerviosa y tuvo ninguna prisa a la hora de meter a empujones la maleta en la estructura que lo mide, ni al sacarla ayudándose de los pies… Al conseguirlo, enseño mi DNI y volvemos a lo mismo, Come on! Ya puedo pasar. Bajo unas escaleras normales y corrientes con equipaje de mano a cuestas, y me acuerdo de la señora que iba la cuarta o quinta en la cola de embarque, y su maletoncio de 25 kg (que tuvo que ir a facturar, le costó más caro, y no entró delante de mí, así que pobrecilla…)
No, no se duerme bien en la ventana de un avión... ¿cómo narices colocas la cabeza, si el de detrás no te deja reclinar el respaldo y el de delante tiene los pies para atrás y eres demasiado larga? Miré mucho el paisaje, y el despegue fue precioso, y me desperté por el dolor de cabeza, y no tenía chicle para mascar y que desapareciese, así que no pude más que esperar a que el avión fuese acabando su trayecto. Las nubes de Londres son algodón de azúcar blanco, pasar entre ellas es alucinantemente genial, Londres, a pesar de estar en su año más seco en los últimos 50 años, como me dijo Kathleen en la cena, luce verde y brillante, precioso, y acogedor para aquellos a quienes nos gusta lo ruinoso, antiguo, húmedo, a la vez seco, apagado, e inglés. Todas las calles iguales, pero alocadamente perfectas. Las autopistas que sobrevolamos están como en espejo, aun no entiendo cómo podía soñar con conducir por la izquierda, no recuerdo cómo daba las rotondas, y me extrañan las eses que hacen al intentar girar... Llegamos a Gatwick a las 9.40, hora española, y a las 10 ya estábamos fuera del avión, esta vez sin pasar por autobús, la pasarela era de las guays. Passaport. Todo el mundo a lo mismo. Todo el mundo con pasaporte. Y yo, la única pelirroja española, la única pelirroja con DNI. Aunque sí, he de decir que sirve, y que a María, hace un año, le pasó exactamente lo mismo... A las 10.20 salí de la enorme cola, y probé suerte con encontrar mi maleta. Alguien se dedicó a sacarlas todas, así que no pasé el mal trago de ver como pasan y pasan maletas por la cinta sin llegar la mía, imposible confundirla por sus setecientosmil lacitos… Así que ¡Bingo! en menos de 10 minutos ya la tenía y estaba en la estación de tren buscando el Gatwick Express, y cambiando la hora mis relojes. El que se atrasa y el del móvil, que lo llevo adelantado. Más me vale conseguir un reloj... Seguí mi intuición y llegó un tren, pero me vi obligada a preguntar. Sí, era el mío. Me monté y me senté donde me vino en gana, y a mi alrededor se montaron cuatro españoles, dos de ellas catalanas. Si sí, os prometo que estoy en Londres. Volví a dejar el portátil en la maleta, por lo que no podía actualizar mi blog... El tren marchaba al revés, y todo lo que veía por la ventana, me recordaba a Asturias... cuando vino el revisor y me dijo "ticket, please" cambié el chip. Era cierto, estaba en Londres. Al llegar a Victoria, a los 30 minutos, probé suerte siguiendo a la multitud. Nada, subí por unas escaleras mecánicas que me llevaron a la calle, no me sirve, necesito encontrar una librería azul y blanca, grande, con una María pelirroja esperándome en la puerta. Muchas vueltas, tiendas de recuerdos londinenses, publicidad subliminal y no tan subliminal, y un par de tropiezos después, la encontré. Abrazo y a casita, aunque primero me compro la Oyster Card, que así ya la tengo y eso que me ahorro. Yeah, el tendero habla tan bien tan bien tan bien que no le entiendo. El tendero era indio. Ya tengo mi tarjeta, y una funda. Metro de Londres, tan pequeño como dicen, y lioso, perdemos uno, y el segundo casi se deja atrás mi maleta. Entró, María es fuerte, y el hombre que intentó abrir la puerta poco listo, no había más que darle al botón... Trasbordo y llegamos a Golders Green, la parada exterior, deja de ser subterránea. Gracias a este pequeño detalle, quizá no me pierda para volver a casa... Paseo hasta casa, super sencillo, pero lo hice tan dormida, me parece todo tan igual, y puse tanto empeño en quedarme con todos los detalles, que creo que me haré un gran lío en la cabeza y no sabré volver.... Izquierda, derecha, izquierda, recto. ¡Un Judío con sombrero, un autobús de dos pisos! Llegamos a casa, me invita a dormir, pero ¡quiero conocer Londres, no dormir!(Error, si Ginger no duerme, Ginger muerde). Así que como, que comer me amansa. Pan con atún y maíz. Ordenador, pongo a mi madre al día. Hablo un rato con una personaja que pasó su infancia en Italia. Actualizo. Me llama María para dar una vuelta por la zona. Paseo, paseo, paseo, cogemos las cosas para recoger a Rachel. Dejo a Marina hablando sola sobre las cucarachas que salen de fiesta por la noche por Serrano. Vamos en busca de Rachel, pero vamos andando, así compro el semanal para el autobús y conozco el camino... El problema es que tengo tanto sueño, que o con croquis o mapa, o no llegaré... Pasamos por un caminito rodeado de verde, giramos a la izquierda, cruzxamos un puente pequeñito y genial, y llegamos a la escuela de Rachel. Los días normales esperaré en la puerta, pero da la casualidad de que los miércoles tiene tutor group, y hay que ir a buscarle arriba porque hay que acompañarla a hadereck, donde ya le recogerá su madre para llegar y cenar. Rachel tiene los ojos clariiiitos claritos, azules, me salida con un abrazo, no deja de sonreír, y habla despacio conmigo, choca los cinco, el puño, me enseña a decir palabras como "Hoja", "cobaya", o "nariz" y vamos a acompañarla a nosequesitio de los miércoles (hadereck). Le gusta mi pelo, el color y el corte, mis rizos, mi pendiente y mi chaqueta, es una chiquilla genial porque no deja de sonreír ¡y eso me encanta! María y yo dejamos a Rachel y andamos hasta la parada del autobús. Hay que andar bastante, porque como todo Londres está en obras, hay que buscar paradas operativas… Las “paradas” las hay al derecho, y al revés, las del revés me hacen mucha gracia… Comemos las mandarinas que no ha querido Rachel porque ha preferido comer patatas fritas y esperamos en una parada al 102 (creo). Llegamos un rato después a casa y está Josh, de 12 años, en el salón, viendo la tele. Le duele la tripa, me da un abrazo como saludo y mi amago de ir a dar dos besos se queda en el olvido… María me presenta a las cobayas, de las que no recuerdo ya el nombre, y me comenta que aunque parezca que el padre abogado quiere más a las cobayas que a sus hijos, no es así. Por la mañana me estuvo enseñando un poco qué tendré que hacer de lunes a viernes, donde coger las cosas para limpiar, qué tengo que limpiar, la casa con sus habitaciones, baños, y despensas con llaves. El baño de abajo está en obras, los obreros son dos “old men”, el de arriba no podré usarlo hasta mañana porque tiene colgadas las camisas, y la cena de los miércoles es especial. Nos ponemos a ello… bueno, se pone María, yo observo: Broccoli pasta.
INGREDIENTES:
- 2 Brócolis – lavar bien el brócoli.
- 500g pasta.
- 3 cucharadas (grandes) de mantequilla. (butter)
- 3 “ “ de harina. (fluor)
- Queso (cheddar cheese) 3 o 4 trozos grandes
- 1 vaso de leche (taza blanca grande) –> calentar un minuto en el micro
María intenta evitar tener que comer esto, porque dice que no le gusta, ya que la salsa de por encima es como la bechamel y no le gusta, y el queso no le hace mucha gracia, así que va a comer a casa de unas amigas, a parte de todo, porque se va al día siguiente y quiere despedirse. Me invita a ir con ella, y en un principio digo que sí, pero luego me doy cuenta de que son las 7 de la tarde y ya muero de sueño, así que al final ceno brócoli pasta, y ya buscaré amigos otro día. El padre dejó un recado en el contestador, va a tardar, llegará tarde a cenar, así que cenamos Rachel, Josh, Kathleen, and me. Josh me sirve el vaso de agua, y no debe hacerlo a menudo, porque la madre le mira alucinada, así que no puedo menos que sentirme halagada y sonreír. Acabamos de cenar y los niños se van a la cama, yo me quedo hablando de un poco de todo con Kathleen. Que qué estudio, que qué edades tienen mis hermanas, que le tengo que apuntar los datos… Subimos a mi habitación y me conecta el portátil a su internet, ¡ya tengo conexión!, ¡ya puedo saber de la gente como si estuviese por Madrid!… seguramente me cansaré rápido y dejaré de conectarme para cambiarlo por paseos londinenses. Me presentan al padre, que no recuerdo como se llama, y no sabe ni papa de español, así que me temo que al menos al principio, no nos entenderemos. Tengo los regalos que no les daré en la balda del armario, así que no puedo causar una segunda primera impresión. Paso un rato conectada al ordenador… tuenti, gmail, facebook… lo típico… y al rato, tras desear a como siempre, una personajilla (de pelo... ¿mediocre?... ¿vulgar?... nunca recuerdo la palabra, así que diré "normal" y punto.) a la camita, después de escribir mi día con sueño y borde, día que he modificado, tachado, y ahora pongo este :) (creo que es el primer iconito que pongo, pero es que si no pongo iconitos me resulta soso :S)
Se despide Ginger hasta dentro de un rato, cuando se proponga contar su segundo día tras planchar una “sartá” de camisas :)
Goodbye my niggas!
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